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11 de marzo de 2019 | Mérida, Yucatán, México | Verenise Fernández Sesma

¿Alguna vez has vivido sin luz eléctrica? Mi familia y yo vivimos esta experiencia durante los cuatro años que vivimos en Haití (2005 a 2009), lugar en el que mi esposo trabajó para la “Boulangerie Adventiste” (panadería adventista) que en ese tiempo era parte de la Compañía de Alimentos de la División Interamericana. El primer año fue el más difícil ya que sólo gozábamos (¡en verdad gozábamos cuando había!) de electricidad aproximadamente unas dos horas durante la noche o la madrugada por lo que, antes de que se ocultara el sol preparaba las lámparas de petróleo: lavaba los bombillos, me aseguraba de que tuvieran petróleo suficiente y de tener cerillos para prenderla cuando oscureciera. No podía evitar recordar la parábola de las diez vírgenes (Mateo 25:1-13) cuando realizaba esta tarea, ¡sobre todo cuando olvidaba preparar las lámparas!, cosa que ocurrió pocas veces, sin embargo, ocurrió.

En esta parábola, la lámpara simboliza la Biblia y debo decir que durante nuestra estancia en Haití, un país obscuro no sólo por la falta de luz eléctrica, sino también por sus prácticas de vudoo, la palabra de Dios, este maravilloso y santo libro se convirtió, literalmente, en la lámpara que alumbró nuestro camino cada día, pues llegamos en un período en el que  había un gobierno interino, no había milicia nacional y había aproximadamente 40 secuestros diarios de los que,  por supuesto, los extranjeros éramos los objetivos perfectos.

Debo confesar (sonrojada) que antes de Haití mi Biblia era un libro que estaba un poco empolvado en la mesa de noche al lado de mi cama. Un libro que era sacudido el sábado para ir a la iglesia y colocado nuevamente en la mesa de noche esperando el culto de la siguiente semana. Nuestra experiencia en Haití fue un parte aguas en nuestra vida espiritual, reafirmando que Dios nunca permite que sus hijos pasen por pruebas que no puedan soportar (1 Corintios 10:13) por lo que nos aferramos a nuestra “lámpara” leyéndola y estudiándola cada día (¡dejó de ser un libro empolvado!), encontrando y confirmando que el Señor cumple sus promesas, aprendiendo de manera vívida que en cada situación que vivíamos “A los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien…” (Romanos 8:28), encontrando el o los versículos que cumplían la promesa declarada.

Salmo 91:11 “Pues a sus ángeles mandará por ti, que te guarden en todos tus caminos.” Este pasaje lo vivimos desde nuestro viaje a Haití hasta nuestro regreso a México, sin embargo, al mes de haber llegado a Haití nuestra hija mayor de dieciséis años, tuvo que viajar sola de Miami a California para continuar sus estudios; era la primera vez que viajaba sola, no sabía inglés, era la primera ocasión que nos separábamos y lo hacía más difícil la distancia que habría entre nosotros. Su viaje fue una odisea, más Dios proveyó para ella ángeles que la acompañaron hasta que llegó a su destino a los brazos de su tía que la esperaba ansiosa en el aeropuerto de Los Ángeles. Nuestros ángeles trabajaron tiempo extra durante estos años por que fueron muchas las situaciones en que prácticamente vimos y sentimos su presencia “guardándonos en todos nuestros caminos.”

Salmo 91:7 “Caerán a tu lado mil, y diez mil a tu diestra, pero a ti no llegará” Recuerdo ese día vívidamente: Llegamos a la escuela como siempre, yo daba clases y mi hijo menor cursaba octavo grado (segundo de secundaria) al poco tiempo de haber iniciado las clases nos anunciaron que un estudiante de nacionalidad canadiense había sido secuestrado, su padre era dueño de un hotel de la ciudad. Mi hijo y yo nos reunimos en la escuela y nos abrazamos llorando, teníamos mucho miedo, tratamos de continuar con las clases, al salir e ir a casa leímos juntos el Salmo 91 y el versículo 7 nos reconfortó, nos arrodillamos para orar y al terminar nuestra oración nos abrazamos y sentimos paz, la paz que sólo Dios puede dar cuando confiamos en su Palabra. Debo decir que el estudiante fue entregado a su padre sano y salvo después de pagar el rescate de varios miles de dólares y la familia dejó el país.

Filipenses 4:19 “Mi Dios pues, suplirá toda necesidad vuestra, conforme a su gloriosa riqueza en Cristo Jesús”. Al llegar a trabajar al país más pobre de América el sueldo de mi esposo se redujo drásticamente, no obstante, Dios suplió cada una de nuestras necesidades: alimentación, vestido, colegiaturas, viajes, vacaciones y tantas cosas más.

Lo que me gustaría enfatizar en estos renglones es la importancia de mantener grabadas y activadas las promesas de Dios en nuestro diario vivir. La Biblia tiene más de 31,000 versículos y encontramos más de 3500 promesas en ellos, ¿cuántas de estas promesas hemos memorizado? Escuché en una ocasión a un pastor decir, con algo de tristeza, que al hacer un inventario de los versículos que sabía de memoria, ¡sólo pudo escribir 800!

¡No basta!

No basta con tenerla, tómala en tus manos.

No basta con tomarla, hay que abrirla.

No basta con abrirla, hay que leerla.

No basta con leerla, hay que estudiarla.

No basta con estudiarla, hay que escudriñarla.

¡No basta! ¡Ya basta!

¡Hay que vivirla!

Vive la palabra de Dios, sumérgete en ella.

Que no esté olvidada, arrinconada, empolvada.

La palabra de Dios debe ser aprendida, comprendida y vivida.

No basta con tenerla…

¡Hay que amarla!

Ama la Palabra de Dios de tal manera que la uses como lámpara que alumbre tu camino a cada paso que des, en cada decisión que tomes y con cada acción que realices.