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21 de octubre de 2019 | Jeréz, Zacatecas, México | Verenise Fernández Sesma

¿Recuerdan la noticia del terremoto de Haití del 12 de enero de 2010? Recuerdo esta noticia muy bien pues mi corazón comenzó a latir aceleradamente y mis ojos se llenaron de lágrimas pensando en los amigos de los que nos habíamos despedido tan sólo seis meses antes, después de haber trabajado en ese país durante 4 años. Desafortunadamente algunos días después de esta terrible noticia, nos enteramos de la muerte de algunas de las personas que tuvimos el privilegio de conocer pues muchos edificios cayeron, se derrumbaron con el movimiento telúrico y ellos, y cientos de personas más murieron bajo el peso de los escombros.

Un terremoto o temblor puede causar el derrumbe de un edificio, pero este no es el único motivo por el cual podemos ver un edificio caer. Según un artículo de la BBC Mundo hay cinco razones por las que un edificio se derrumba sin que haya un sismo:

  1. Los cimientos son muy débiles. 

  2. Los materiales no son resistentes.

  3. Los trabajadores cometen errores.

  4. La carga es más pesada.

  5. La fortaleza no fue probada.

Al final del artículo, el autor menciona que “la corrupción está detrás de todo”.

En este punto debo decir que en algunas ocasiones me he sentido como un edificio derrumbado porque mis cimientos no han sido fortalecidos por la oración y el estudio de la palabra de Dios, simplemente dejé de ponerme la armadura de Dios (Efesios 6:10-18). He descuidado las avenidas del alma (mi sentido del gusto, olfato, tacto, vista, oído) permitiendo que materiales “no resistentes” sean parte de la construcción de mi vida: Alimentos que son agradables al paladar, pero aportan poca o nada de nutrición han debilitado mi cuerpo; he permitido que mis ojos vean programas de televisión, series o películas que no alimentan mi espíritu; he escuchado y hablado con verdadero placer chismes y comentarios negativos sin hacer el más mínimo intento por detener la avalancha de palabras pronunciadas con cierto dejo de morbo y malicia. He cometido muchos errores y de esta manera he lastimado a personas que amo. Cuando se han presentado “cargas pesadas” no he sido lo suficientemente fuerte para soportarlas y he caído en frustración, desesperación, culpabilidad y depresión por lo que al ser probada mi “fortaleza” esta ha obtenido una nota no aprobatoria. Cuando existe “corrupción espiritual”, indudablemente nos desplomaremos.

Como lo mencioné en el artículo anterior (Cimientos) “Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los edificadores” (Salmo 127:1). Aquí está el secreto de una vida fuerte, resistente, llena de más victorias que errores, resistentes a las cargas pesadas. Veamos cómo podemos evitar que haya un derrumbe en nuestras vidas:

  1. Hagamos como lo hizo el hombre prudente (sabio, sensato): construyamos sobre la roca. (Mateo 7:24) De esta manera evitaremos tener “cimientos débiles.”

  2. Para obtener “materiales resistentes” sigamos el consejo del apóstol Pablo: Si pues coméis o bebéis o hacéis cualquier otra cosa hacedlo todo para la gloria de Dios. (1 Corintios 10:31) Que los “materiales” que introducimos a nuestro cuerpo, por cualquier avenida, sean de la mejor calidad.

  3. Para no cometer errores, busquemos la perfección como lo aconseja nuestro mejor ejemplo Jesús: seamos pues perfectos como nuestro padre que está en los cielos es perfecto. (Mateo 3:48)

  4. Cuando se nos presenten “cargas pesadas” en forma de pruebas recordemos que: “A ustedes no les ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero Dios es fiel y no permitirá que ustedes sean sometidos a una prueba más allá de lo que puedan resistir, sino que junto con la prueba les dará la salida, para que puedan sobrellevarla.” (1 Corintios 10:13 RVC)

  5. Si tenemos dudas de nuestra “fortaleza”, hagamos lo anterior y confiemos pues que Jehová es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. (Salmo 46:1-3)

Evidentemente, no somos edificios, mas somos hijos de Dios, y nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo (1 Corintios 6:19); somos descendientes de Adán y Eva a quienes Dios creó perfectos, fuertes, resistentes, no cometió errores, les dio la responsabilidad de administrar el jardín del Edén (¡que no creo haya sido una carga muy pesada!) y la fortaleza de su Creador ya que fueron hechos a Su imagen. Pero pecaron y se “derrumbaron”. Todo lo que había sido hecho “bueno en gran manera”, con una mala decisión, se desmoronó. 

¿Qué tipo de decisiones estamos tomando? Estas decisiones, ¿nos ayudan a estar tan firmes y bien cimentados como para NO desplomarnos? 

Reflexionemos y tomemos decisiones sabias, tomados de la mano de Dios, que nos ayuden a evitar derrumbes en nuestras vidas.