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16 de Diciembre de 2019 | Jeréz, Zacatecas, México | Verenise Fernández Sesma

 

Algunos sinónimos de la palabra reconstrucción son: reedificación, restauración, reparación, arreglo, restablecimiento. ¿En qué circunstancias podemos encontrarnos para necesitar reedificar, restaurar, reparar, arreglar o restablecer? Después de sufrir un desastre natural como terremoto o inundación (hablando sólo de pérdidas materiales) inmediatamente comienza la evaluación de los daños, mismos que pueden ascender a miles de millones de pesos o dólares, según sea el caso. Organizaciones no gubernamentales entran en acción para auxiliar a las familias afectadas y las personas acuden al gobierno en espera de apoyo para la reconstrucción de sus viviendas. 

Cuando la destrucción llega por un tsunami de palabras ofensivas, por un terremoto de golpes y abusos que se ocultan bajo un maquillaje, lentes oscuros, una hermosa mascada en el cuello o bajo las mangas largas de una blusa o camisa. Cuando una vida se encuentra edificada sobre los cimientos del consumo y abuso de alimentos y bebidas dañinos, del alcohol o drogas. ¿Cómo puede haber reedificación, restauración, reparación, arreglo o restablecimiento?

Hace poco, mientras a mi esposo le boleaban sus zapatos en la plaza del pueblo, tuve la oportunidad de conversar con don Diego, un hombre de aproximadamente 70 años, quien, por sus facciones pude notar que fue un joven bien parecido en sus tiempos mozos, no obstante, ahora se veía ajado y estropeado por los años, la falta de arreglo personal y también por la inflamación que el consumo desmedido de alcohol le está provocando. Cuando me senté a su lado realmente no me di cuenta que estaba alcoholizado (tal vez si lo hubiera sabido no lo habría hecho). Don Diego comenzó la conversación diciendo que él no era así, tenía esposa e hijos; cuando era joven no tomaba, se iba a trabajar a los Estados Unidos para poder tener más recursos y así pudo hacer su casa y sacar adelante a su familia, pero hasta ahora de viejo le había dado por la “tomada”. Vivía en un rancho de la sierra, mas, a causa del alcoholismo se vino al pueblo y, para ganar dinero, ayuda a tirar las basuras de los negocios, a limpiar mesas en un restaurante y hace “mandados” para que le den de comer. Me dijo también que su esposa estaba enojada con él y que si fuera mujer también estuviera enojada, pues, ella lo perdonó en muchas ocasiones, hasta que un día dijo “¡no más!”. De alguna forma Don Diego está consciente de su responsabilidad por esta situación y mientras platicaba, sus ojos brillaban, no de felicidad sino por las lágrimas que estaba conteniendo. Tuve la oportunidad de darle palabras de ánimo, le dije que, si realmente quería, podía dejar de tomar, pero que no lo podría hacer solo, que le pidiera ayuda a Dios. Le repetí las palabras de Filipenses 4:13 “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. Y justo en ese momento pasó y se detuvo un amigo de don Diego y señalando con su dedo índice hacia arriba confirmó que así era, Dios le podía ayudar. Le recordé a don Diego que Dios lo ama y le dije mírese al espejo y repita: “Soy hijo de Dios, Él me ama y no me quiere ver así y yo tampoco me quiero ver así.” No he tenido la oportunidad de ver nuevamente a Don Diego sin embargo he orado por él pidiendo a Dios que le ayude a restaurar su vida.  ¿Cómo se puede reconstruir una vida como la de don Diego y de tantas personas que han sido atrapadas por algún vicio? 

La Biblia no registra si el hombre insensato que construyó sobre la arena (Mateo 7:26) tuvo la oportunidad de “reconstruir” sobre cimientos firmes, no obstante, estoy segura que don Diego y cada una de las personas que hemos sufrido algún tipo de derrumbe o destrucción tenemos la oportunidad de reconstruirnos y encontrar el apoyo necesario (en ocasiones de un profesional) acudiendo a nuestro Dios con un corazón sincero tal como lo hizo el rey David en el Salmo 51 (por favor léalo). Tal vez haya personas que han sido víctimas de las circunstancias o malos tratos de otros como lo fue María Magdalena quien a los pies de Jesús encontró refugio y una nueva vida. (Mateo 26:6-13, Lucas 10:39)

Elevemos nuestra voz en oración y tengamos la seguridad de que Dios inclinará su oído, nos escuchará y verá nuestras ruinas (Daniel 9:8) y tan pronto comencemos a hablar, dará respuesta a nuestro clamor porque tú y yo somos muy amados (Daniel 9:23). Y cuando tengamos nuevamente nuestras vidas reconstruidas en obediencia a Dios, Él nos dice: “Yo los guiaré constantemente, les daré agua en el calor del desierto, daré fuerzas a su cuerpo, y serán como un jardín bien regado, como una corriente de agua. Reconstruirán las ruinas antiguas, reforzarán los cimientos antiguos, y los llamarán: “Reparadores de muros caídos”, “Reconstructores de casas en ruinas”. (Isaías 58:11-12 TLA)