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 6 de Abril de 2019 | Jeréz, Zacatecas, México | Verenise Fernández Sesma

 

¿Cómo te sientes cuando alguien, inesperadamente, sin que sea una ocasión especial, te sorprende con un hermoso regalo? Asombrado, feliz, agradecido pueden ser algunas de las reacciones. O ¿tal vez has sentido que no lo mereces? ¿Alguna vez has rechazado un regalo? Hace tiempo le hice un regalo a una amiga y me lo regresó con su esposo. Me dio tristeza pues no esperaba esa reacción.

El diccionario de la Real Academia Española define la palabra regalo como: “Dádiva que se hace voluntariamente.” 

Hace algunos años, durante el sermón del sábado, un pastor invitado en nuestra iglesia  hablaba acerca de la gracia y con el objetivo de ilustrar este maravilloso regalo de Dios para la humanidad, invitó a un niño a pasar al frente; velozmente, de las bancas de atrás corrió hacia la plataforma el pequeño, cuando llegó al lado del pastor éste le extendió la mano y le ofreció un billete de cincuenta pesos, (que para un niño de 8 años era mucho dinero hace casi 20 años) sin embargo el niño rechazó el billete, el pastor asombrado, insistió para que el niño aceptara el regalo que le estaba ofreciendo sin haber hecho ningún mérito para recibirlo, sólo aceptar la invitación del pastor de pasar al frente y aceptarlo, no obstante, nunca se imaginó que el niño respondería de esa manera, le insistió un poco, más el pequeño seguía firme, no aceptó “la dádiva voluntaria ofrecida” y regresó con sus ojitos llorosos y avergonzado a sentarse al lado de sus padres. Bastante perplejo el pastor invitó a otro niño a pasar, este sí aceptó el billete, bajó feliz de la plataforma y el pastor continuó con su sermón, mismo que quedó mejor ilustrado de lo que pensaba ya que fue una clara representación de la libertad que tenemos los seres humanos de aceptar o rechazar el regalo de la gracia salvadora.

El apóstol Pablo en Efesios 2:8-9 TLA nos dice: “ Ustedes han sido salvados porque aceptaron el amor de Dios. Ninguno de ustedes se ganó la salvación, sino que Dios se la regaló.  La salvación de ustedes no es el resultado de sus propios esfuerzos. Por eso nadie puede sentirse orgulloso.” De este texto me gustaría destacar lo siguiente:

Aceptar el amor de Dios: La versión Reina Valera 1960 de Efesios 2:8 (primera parte) dice “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe...” La fe es indispensable para ser salvos. Algunos antónimos de la palabra fe son incredulidad o desconfianza. Tal vez el niño no aceptó el billete de cincuenta pesos que le ofrecía el pastor porque no lo conocía, desconfió de él y por eso no estuvo seguro de que hacer. Cuando aceptamos el amor de Dios y comenzamos a tener una relación estrecha con él nuestra fe aumenta cada día. Y ¿qué es fe? “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.” (Hebreos 11:1 RVR 1960) El capítulo 11 de Hebreos menciona a los grandes héroes de la fe, entre ellos se encuentra Abraham. En Romanos 4:3 el apóstol Pablo nos dice que “Abraham confió en Dios.” ¡Conoce a Dios, acepta su amor y confía en Él!

La salvación es un regalo de Dios: No sé a ustedes, pero a mi ¡me encanta recibir regalos! (también me gusta obsequiar) me siento amada y especial porque alguien pensó en mí y se tomó el tiempo de buscar algo que me agradara y me hiciera feliz.  El niño que pasó al frente y aceptó el billete de cincuenta pesos regresó a su lugar con una gran sonrisa en sus labios; el niño que rechazó el billete regresó cabizbajo y triste. Cuando rechazamos el regalo de la gracia, estamos rechazando el amor de Dios y su sacrificio por nosotros pues nos ama tanto, que envió a su único hijo  (Juan 3:16) para nacer, vivir en este mundo de pecado y morir por nosotros, en nuestro lugar, en la cruz del Calvario. ¡Eres amado, no rechaces el regalo de la salvación y sé feliz!

No por tus propios esfuerzos: Absolutamente ninguna fatiga o esfuerzo humano, NADA de lo que intentemos hacer por nuestros propios medios podrá darnos la seguridad de la salvación. Es sólo mediante la sangre derramada de Cristo que somos limpios, somo salvos por que “la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús señor nuestro.” (Romanos 6:23 RVR 1960)

Acepta el regalo de la gracia, lo mereces pues es la dádiva voluntaria que Dios te ofrece mediante los méritos de su hijo Jesús. ¡Este es el mejor regalo!