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29 de Abril de 2020 | Jeréz, Zacatecas, México | Verenise Fernández Sesma

 

“Me gustaría saber ¿cómo ha sido tu caminar con el Señor?” Me hicieron esta pregunta hace unos meses y al enfrentarme con la realidad de mi respuesta, no me gustó, pues en nada se parece mi caminar con él de este hombre: “Caminó, pues Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios.” (Génesis 5:24 RVR1960) El Comentario Bíblico Adventista dice lo siguiente acerca de Enoc: “La vida ejemplar de Enoc con su pináculo glorioso testifica en nuestros días de la posibilidad de vivir en un mundo perverso sin pertenecer a él.”

Sí dijera que mi caminar con Dios ha sido impecable, sin desviarme ni a derecha ni a izquierda (Prov. 4:27), que nunca he faltado a un mandamiento, que nunca he tomado decisiones sin pedir consejo a Dios, que nunca he tenido sentimientos de odio, ira, orgullo, envidia o vanidad, sería una gran mentirosa, y la evidencia es que ¡sigo aquí!

Cuando era niña disfrutaba ir a la iglesia, me gustaba mucho cantar, leer la Biblia y oraba cada día con el corazón sencillo de una niña que amaba a Jesús sinceramente. Las cosas cambiaron al llegar a la adolescencia: Seguí asistiendo a la iglesia pero no leía mi Biblia, dejé de cantar alabanzas y prácticamente no tenía vida de oración. En ese momento crítico, mi madre fue aconsejada por una sabia esposa de pastor quien le habló acerca de los colegios adventistas. Fue entonces que, mi aún más sabia madre, decidió que sus hijos estudiarían en uno de esos colegios. El ambiente cristiano de este “pedacito de cielo en la tierra” fue una gran bendición y aunque me gustaría decir que a partir de esta etapa he sido una cristiana modelo, mi caminar con él Señor ha sido todo menos perfecto, pero esto no significa que no amo a Dios, al contrario, le amo con todo mi corazón y esta es la razón por la que sigo luchando por continuar en sus caminos. Este caminar ha sido más parecido a un sube y baja, ya que en ocasiones he estado en la cima de mi vida espiritual ejerciendo una gran fe y en otras ocasiones en el valle de angustia y desesperación. Sin embargo, a pesar de mis altos y bajos espirituales, estoy segura que Dios SI ha caminado a mi lado. ¿Cómo lo sé? Las lecciones y promesas aprendidas de niña quedaron grabadas: “Andaré entre vosotros y seré vuestro Dios…” (Levítico 26:12 RVR1960); las matutinas y vespertinas escuchadas en el Colegio no cayeron en saco roto pues: “las semillas cayeron en buena tierra” (Mateo 13:19-23 RVR1960); los consejos de mis maestros cristianos fueron escuchados: “Escucha el consejo y acepta la corrección, y llegarás a ser sabio.” (Proverbios 19:20 NVI); las oraciones intercesoras de mi madre fueron atendidas: “Esta es la confianza que tenemos al acercarnos a Dios: que si pedimos conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que Dios oye todas nuestras oraciones, podemos estar seguros de que ya tenemos lo que hemos pedido.” (1 Juan 5:14-15 NVI)

Lo dije anteriormente, mi caminar con el Señor no ha sido perfecto, sin embargo he aprendido durante este andar que “tropezamos de muchas maneras…” (Santiago 3:2 LBLA) más nuestro Dios nos pide “mejorad vuestros caminos y vuestras obras…” (Jeremías 7:3 RVR1960). Atendamos este pedido pues “Bueno y justo es el Señor; por eso les muestra a los pecadores el camino. Él dirige en la justicia a los humildes y les enseña su camino.” (Salmo 25:8-9 NVI) y lo único que pide de nosotros es “...solamente hacer justicia, y amar la misericordia, y andar humildemente ante tu Dios.” (Miqueas 6:8 RVR1977). Decidamos ser humildes para que nuestro caminar agrade a Dios tal como lo hizo este héroe de la fe, Enoc. (Hebreos 11:5)

“Me gustaría saber ¿Cómo ha sido tu caminar con el Señor?” ¿Cuál es tu respuesta?